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Bello Oriente: el barrio que aprendió a leer la montaña

Una historia de mapeo comunitario, memoria y datos abiertos en las laderas de Medellín

En 2017, antes de que existiera ningún instrumento de medición instalado en la montaña, los vecinos de Bello Oriente observaron algo que solo puede ver quien conoce su territorio de memoria: una grieta que crecía y unos árboles que se inclinaban donde no debían. Dieron la voz de alerta casa por casa. Veintisiete personas evacuaron a tiempo. Horas después, un deslizamiento arrasó seis viviendas. No murió nadie. La montaña había hablado y la comunidad la había entendido.

 

Ese episodio resume algo que en Bello Oriente se sabe desde hace décadas: la gente conoce los riesgos de su territorio mejor que cualquier plano de oficina. Lo que nunca tuvo fue la posibilidad de convertir ese conocimiento en datos, en mapas, en evidencia con la cual exigirle a la ciudad que actuara antes de que la tierra se llevara otra casa.

«Aquí sabemos leer la montaña»,

dicen los líderes que han visto crecer el barrio desde los años ochenta.

«Sabemos cuándo la tierra se queja. Lo que necesitábamos era que alguien nos ayudara a poner eso en un mapa».

Un territorio construido a pulso, borrado del mapa

Bello Oriente se levanta en la franja más alta de la Comuna 3 (Manrique), en la ladera oriental de Medellín, justo en el borde donde la ciudad da paso al corregimiento de Santa Elena.

Desde sus calles se puede ver todo el Valle de Aburrá, pero esa vista panorámica esconde una paradoja cruel: un barrio que puede ver la ciudad entera es un barrio al que la ciudad casi nunca ha visto.

Su historia comenzó a finales de los años setenta y se aceleró en los ochenta y noventa, cuando oleadas de familias desplazadas por la violencia llegaron a la ladera buscando un lugar donde reconstruir la vida. Del Chocó llegó una colonia especialmente numerosa, que trajo consigo la cultura del Pacífico colombiano y se asentó en la parte alta del barrio. Del Urabá antioqueño, del Oriente —Alejandría, Granada, San Carlos—, del Norte y del Occidente llegaron otras familias que, juntas, fueron levantando un territorio a punta de convites, mingas y organización comunitaria.

Como tantos barrios de la franja alta de Manrique, Bello Oriente se construyó antes de que el Estado llegara. Las primeras viviendas se levantaron sobre pendientes pronunciadas, al lado de quebradas que bajan con fuerza en cada temporada invernal. Las vías de acceso fueron abiertas por los propios vecinos. Las redes de agua y alcantarillado tardaron décadas en llegar —y en muchos sectores aún no lo hacen de manera completa—. La cartografía oficial, mientras tanto, dejaba el barrio en blanco o lo etiquetaba genéricamente como «zona de alto riesgo», sin el detalle que permita distinguir dónde están las amenazas reales y dónde la comunidad ha construido soluciones.

Con más de cuatro décadas de existencia, Bello Oriente ha sido objeto de estudios académicos, proyectos de cooperación internacional y programas institucionales, pero la información producida rara vez ha quedado en manos de la propia comunidad. Los datos se fueron con los proyectos. El conocimiento del territorio siguió viviendo donde siempre había estado: en la memoria de los líderes, en las conversaciones de las juntas de acción comunal, en las señales que la montaña envía cuando llueve fuerte y que solo sabe leer quien ha vivido ahí toda la vida.

El recorrido: cuando la comunidad dibuja su territorio

El mapeo de Bello Oriente se realizó en dos jornadas con propósitos complementarios. En la primera, 7 líderes comunitarios caminaron el barrio junto al equipo de Minga Abierta aplicando el protocolo ChatMap: un recorrido a pie, guiado por quienes conocen cada rincón del territorio, para identificar y georreferenciar los puntos donde la montaña amenaza. Con celulares, fotografías y la memoria acumulada de décadas, los líderes fueron señalando las zonas críticas: los taludes que ceden, los tramos de camino que se desmoronan, los puntos donde las quebradas se desbordan, las viviendas que están en la línea de riesgo.


De ese recorrido surgieron 17 puntos de riesgo ante desastres, cada uno georreferenciado, descrito y fotografiado. No son cifras abstractas: son los lugares que la comunidad ha identificado como amenazas reales a partir de su experiencia directa con el territorio. Son la misma información que en 2017 permitió salvar veintisiete vidas —ahora convertida en dato abierto, disponible para el DAGRD, para el SIATA, para cualquier entidad que necesite saber dónde están los peligros antes de que se conviertan en tragedia.


La segunda jornada, realizada en junio, se dedicó a la producción de fotografía aérea del barrio. Con vuelos de dron, el equipo de Minga Abierta capturó imágenes de alta resolución del territorio, que fueron procesadas con OpenDroneMap para generar una ortofotografía precisa y publicadas en OpenAerialMap. Esa imagen aérea, cruzada con los datos del recorrido en terreno, permite ver Bello Oriente con un nivel de detalle que la cartografía oficial nunca le ha dado: cada vivienda, cada camino, cada espacio verde, cada punto donde la tierra se ha movido.


En paralelo al trabajo de campo, el mapeo remoto sobre imágenes satelitales y la ortofotografía propia permitió registrar 1.918 edificaciones —viviendas, tiendas, equipamientos comunitarios, pequeños negocios levantados con el esfuerzo colectivo de la comunidad—, 3 kilómetros de caminos —calles empinadas, escaleras de concreto, trochas y callejones que los propios vecinos construyeron y que no aparecían en ningún mapa oficial— y 22 áreas verdes que el barrio ha conservado, cultivado o convertido en espacios de encuentro: huertas comunitarias, zonas de recarga hídrica, pequeños bosques urbanos y miradores donde la montaña respira.

Datos, mapas y fotografía aérea al servicio de la vida

En un barrio donde un sistema de alerta temprana de tres millones de euros fue abandonado por falta de voluntad institucional, los datos abiertos de Minga Abierta representan algo distinto: una infraestructura de conocimiento que no depende de financiación externa para existir. Los datos están en OpenStreetMap, bajo licencia abierta. Las fotografías aéreas están en OpenAerialMap, accesibles para cualquiera. Los puntos de riesgo están georreferenciados y documentados. Nadie puede desconectar esa información, nadie puede desmontarla, nadie puede decir que no tiene los papeles de importación.


Los 17 puntos de riesgo identificados por los líderes de Bello Oriente son, en cierto sentido, la versión comunitaria y abierta de lo que Inform@Risk hizo con sensores de alta tecnología: un mapa vivo de las amenazas del territorio, construido por quienes las conocen de primera mano. Y las 22 áreas verdes mapeadas no son un dato menor: en un barrio donde la inestabilidad del suelo es la amenaza principal, cada zona verde es una infraestructura natural de protección, un espacio que absorbe el agua, que sostiene la ladera, que cumple una función ecológica que la planificación urbana rara vez reconoce.


La ortofotografía del barrio, por su parte, es una herramienta de gestión territorial que Bello Oriente nunca había tenido con este nivel de resolución y acceso. Cruzada con los puntos de riesgo y la información de edificaciones, permite identificar con claridad qué viviendas están más expuestas, por dónde deben trazarse las rutas de evacuación, dónde se necesita inversión prioritaria en obras de mitigación. Es la base para que la prevención de desastres en la ladera deje de ser reactiva —ir después del derrumbe— y se vuelva anticipatoria.

«A nosotros nos pusieron sensores y después se los llevaron»,

recuerdan los líderes del barrio.

«Pero el conocimiento no se lo llevó nadie.
Eso sigue aquí, en la gente.
Ahora está también en el mapa».

Mapear para existir, mapear para permanecer

Mapear Bello Oriente es un acto de soberanía sobre la propia información. Cada una de las 1.918 edificaciones registradas es una prueba de permanencia en un territorio que la ciudad ha querido clasificar como inhabitable. Cada uno de los 3 kilómetros de caminos trazados es la evidencia de una infraestructura construida por la propia comunidad. Cada uno de los 17 puntos de riesgo documentados es un argumento para exigir inversión pública, no más proyectos piloto que llegan y se van. Y cada una de las 22 áreas verdes mapeadas es el reconocimiento de que el barrio no solo construye casas: también cuida la montaña que lo sostiene.

El mapa de Bello Oriente no reemplaza las luchas históricas de su comunidad; las fortalece. Se suma a esa larga tradición de mingas y convites con los que se abrieron las primeras trochas, se instalaron las primeras redes de agua, se levantaron los salones comunales. Es una nueva forma de trabajar en minga: esta vez, para producir el conocimiento con el que Bello Oriente quiere seguir leyendo la montaña, anticiparse a las emergencias y defender su derecho a permanecer en la ladera que sus familias eligieron como hogar hace más de cuarenta años.

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Mapear La Pacha en Bello Oriente

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Mapear La Pacha en Bello Oriente

Datos abiertos de Bello Oriente en Minga Abierta

DATOS ABIERTOS DISPONIBLES

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Bibliografía y fuentes consultadas

  • Aristizábal Botero, C. A., Cárdenas Avendaño, Ó. M., & Rengifo González, C. J. (2018). Desplazamiento, trayectorias y poblamiento urbano. El caso de la Comuna 3 Manrique, Medellín, 1970-2010. Estudios Políticos, 53, 126–147. Universidad de Antioquia.
  • Cartagena, C. C. & González, S. (2016). Región, memoria y territorio. Poblamiento y colonias en la Comuna 3 de Medellín. Kavilando.
  • El Colombiano. (1 de junio de 2025). El sistema de alertas que pudo salvar vidas en Medellín y terminó abandonado. https://www.elcolombiano.com/medellin/el-sistema-de-alertas-de-bello-oriente-pudo-salvar-vidas-en-medellin-y-termino-abandonado-NH27572825
  • Mesa Interbarrial de Desconectados. (2012). Diagnóstico Comunitario Alternativo: comunidades de los barrios La Cruz y La Honda, Comuna 3 de Medellín.
  • Unidad Municipal de Atención y Reparación a Víctimas (Umarv). (2015). Caracterización de la población víctima del conflicto armado de los barrios El Jardín, Balcones de Jardín y Bello Oriente de la Comuna 3–Manrique del municipio de Medellín. Medellín: Umarv.
  • Universidad EAFIT – Urbam. (2021). El barrio Bello Oriente está mejor equipado para prevenir el riesgo por desastres naturales gracias a un piloto que avanza en el sector. https://www.eafit.edu.co/noticias/nuestro-impacto/el-barrio-bello-oriente-esta-mejor-equipado-para-prevenir-el-riesgo-por
  • Werthmann, C., Sapena, M., Kühnl, M., Singer, J., Garcia, C., Breuninger, T., et al. (2024). Insights into the development of a landslide early warning system prototype in an informal settlement: the case of Bello Oriente in Medellín, Colombia. Natural Hazards and Earth System Sciences, 24, 1843–1870. https://doi.org/10.5194/nhess-24-1843-2024
  • Sistema de Información para la Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín (SIRMED). Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (DAGRD), Distrito de Medellín. https://www.medellin.gov.co/sirmed/