En María Cano Carambolas todavía viven quienes recuerdan las primeras invasiones de los años setenta, cuando familias desplazadas del norte de Antioquia subieron a la parte más alta de la Comuna 3 buscando un lugar donde volver a empezar. Los terrenos, que pertenecían a Dolores Restrepo Arango —cuya propiedad se extendía desde la antigua vía a Guarne pasando por San José de la Cima hasta los límites con Santa Elena—, fueron loteados y ocupados por familias que llegaban con las manos vacías y con la certeza de que no había regreso posible al campo del que las había expulsado la guerra. Con esa primera «toma de tierras» comenzó a nacer un barrio que se ha ido haciendo, como recuerda el título del libro que la Universidad de Antioquia dedicó a su memoria, a punta de luchas y carambolas.
La madrugada del 13 de junio de 2025 volvió a mostrar por qué esa historia no ha terminado. Un aguacero prolongado desestabilizó un talud en la parte alta del barrio y arrasó dos viviendas. Murieron una mujer y su bebé de ocho meses. Otros dos integrantes de la misma familia fueron rescatados con vida, cuatro personas más resultaron heridas y cinco viviendas tuvieron que ser evacuadas. No era la primera emergencia y no sería la última: en las laderas de Medellín, la vulnerabilidad estructural de los barrios autoconstruidos, la ausencia histórica del Estado y la intensificación de las lluvias convergen sobre las mismas familias.
«Nosotros sabemos dónde se mueve la tierra cuando llueve fuerte»,
dicen los líderes barriales que llevan décadas caminando estas calles.
«Lo que no teníamos era cómo mostrarlo en un mapa para que las instituciones nos escucharan».
Casi tres décadas después, la ciudad sigue sin ver a Carambolas como lo que es. Sin legalización completa de predios, catalogado como «zona de alto riesgo» y en el rango de acción de megaproyectos urbanísticos como el Cinturón Verde Metropolitano, el barrio ha sido un territorio que la cartografía municipal prefirió dejar en blanco. Y en las laderas de Medellín, no aparecer en el mapa tiene consecuencias que pueden costar vidas.
Un territorio construido a pulso, borrado del mapa
María Cano Carambolas se ha construido de manera solidaria en la franja alta de la Comuna 3 (Manrique), en la ladera oriental de Medellín.
Está tan arriba que desde sus calles el centro de la ciudad parece una maqueta, y se llega por vías estrechas que serpentean hasta el filo de la montaña. Fundado hacia finales de los años sesenta por familias que llegaron en distintas oleadas de desplazamiento forzado —del Occidente antioqueño (Dabeiba, Cañas Gordas, Frontino), del Norte (con una colonia especialmente arraigada de Ituango), del Oriente (Alejandría, Granada, San Carlos) y del Chocó—, María Cano Carambolas fue uno de los barrios de la ladera que se organizó de forma colectiva para construir, desde abajo, las condiciones básicas de vida que el Estado nunca llevó.
Ese origen —tan digno como precario— dejó una herencia difícil: viviendas autoconstruidas en terrenos inestables, quebradas que bajan con fuerza cuando llueve, vías que se desmoronan con cada temporada invernal. El barrio fue incorporado oficialmente al perímetro urbano de Medellín en 1993, junto con Versalles N.º 2, La Cruz, Oriente y los dos sectores de San José de la Cima. Pero ese reconocimiento formal no borró la brecha con la que había nacido. En 2025, la inversión en redes de acueducto y alcantarillado apenas avanzaba en el sector, y la construcción de vías de acceso seguía siendo una deuda histórica.
El conocimiento sobre los riesgos ha vivido siempre en la memoria de la gente: los líderes fundadores que abrieron las primeras trochas saben dónde la tierra se mueve, qué taludes ceden con el agua, cuáles caminos se vuelven trampas en invierno. Pero ese saber nunca había sido documentado, nunca había sido dato. Y sin datos abiertos, sin mapas, sin fotografía del territorio, las decisiones sobre prevención de desastres se tomaban desde lejos, sin conocer la realidad de quienes habitan la ladera.
Eso empezó a cambiar cuando el equipo de Minga Abierta subió a Carambolas para caminar el barrio junto a sus líderes territoriales y hacer algo que nunca se había hecho: mapear María Cano Carambolas desde adentro, con su propia gente.
El recorrido: cuando la comunidad dibuja su territorio
El mapeo de María Cano Carambolas no fue un ejercicio técnico hecho desde un escritorio. Fue un recorrido a pie, montaña arriba, guiado por los líderes territoriales que conocen cada rincón del barrio. Durante dos jornadas de recorrido, 15 líderes comunitarios caminaron junto al equipo de Minga Abierta las calles empinadas, los callejones y las escaleras que los propios vecinos construyeron, registrando con herramientas de cartografía participativa y fotografía aérea lo que oficialmente no existía.
Casa por casa, el recorrido identificó y georreferenció 3.714 edificaciones, cada una un punto en el mapa que antes era invisible. No eran solo construcciones: eran hogares de familias que llevan décadas exigiendo el derecho a existir en la ciudad, tiendas de barrio que sostienen la economía local, pequeños negocios y equipamientos comunitarios levantados con el esfuerzo colectivo de quienes llegaron huyendo de la guerra.
A lo largo del camino se mapearon 5 kilómetros de vías, esas calles, escaleras y trochas que la comunidad levantó con sus propias manos y que ahora, por fin, quedan registradas con precisión en un mapa abierto. Muchas de ellas no aparecían en ninguna cartografía oficial: los callejones empedrados, las escaleras de concreto que los vecinos mismos fundieron, los caminos de herradura que conectan los sectores más altos con la vía principal.
Pero el corazón del mapeo estuvo en la identificación de los riesgos. Con la memoria de los líderes y la lectura atenta del terreno aplicando el protocolo ChatMap, los recorridos permitieron identificar 92 puntos de riesgo ante desastres: los taludes que ceden, las zonas donde la tierra se ha movido, los tramos de vía que se desmoronan, los puntos donde las quebradas amenazan con desbordarse. Cada uno quedó marcado, descrito y fotografiado. La memoria colectiva de más de cinco décadas, finalmente, se convirtió en datos abiertos.
Datos, mapas y fotografía aérea al servicio de la vida
Todo lo que se produjo en aquellos recorridos —los datos de mapeo, el mapa del barrio y la fotografía aérea del territorio— tiene un propósito claro: contribuir a la prevención de riesgos de desastres en María Cano Carambolas. No se trata de dibujar por dibujar. Se trata de que un barrio históricamente ignorado por la planeación urbana tenga, por primera vez, información propia con la cual anticiparse a las emergencias que cada temporada de lluvias amenaza con desatar.
Los 92 puntos de riesgo identificados por la comunidad no son cifras abstractas: son un mapa vivo de las amenazas que enfrenta Carambolas, construido por quienes las conocen de primera mano. Esa información, cruzada con la fotografía aérea del territorio, permite ver con claridad dónde están las zonas críticas, qué viviendas están más expuestas, por dónde deben trazarse las rutas seguras. Es la base para que la prevención deje de ser reactiva y se vuelva anticipatoria.
En una ciudad donde el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (DAGRD) ha llegado a monitorear más de treinta puntos críticos de deslizamiento con instrumentos de alta tecnología, y donde María Cano Carambolas figura recurrentemente entre los sectores de alto riesgo, contar con datos generados por la propia comunidad cambia las reglas del juego. Ya no es la ciudad hablando sobre Carambolas; es Carambolas produciendo el conocimiento con el que quiere ser escuchado.
«Nosotros siempre supimos dónde estaban los peligros»,
cuentan los líderes que guiaron el recorrido.
«Lo que no teníamos era cómo demostrarlo, cómo ponerlo en un mapa que las instituciones respetaran. Ahora lo tenemos».
Mapear para existir, mapear para permanecer
La historia de María Cano Carambolas es, en el fondo, una historia sobre el derecho a existir. Durante más de cinco décadas, este barrio construido por víctimas del desplazamiento forzado ha librado una lucha doble: contra las amenazas del territorio y contra la invisibilidad institucional. Sus habitantes han reclamado la legalización de sus predios no solo como un trámite, sino como una forma de reparación colectiva por todo lo que perdieron antes y después de llegar a la ciudad. A la par, han tenido que defender su permanencia frente a megaproyectos urbanísticos como el Cinturón Verde Metropolitano, que buscan intervenir las laderas bajo una lógica de ciudad innovadora y turística que evidentemente pone en riesgo la continuidad de quienes habitan estos territorios.
En ese contexto, mapear María Cano Carambolas es un acto profundamente político. Cada una de las 3.714 edificaciones registradas es una prueba de permanencia. Cada uno de los 5 kilómetros de caminos trazados es la evidencia material de un territorio construido con trabajo colectivo. Cada uno de los 92 puntos de riesgo documentados es un argumento para exigir inversión, atención y reconocimiento. Los datos abiertos se convierten así en una herramienta de dignidad: el barrio que la ciudad quiso dejar en blanco ahora se dibuja a sí mismo, con precisión, con nombre propio, con memoria.
El mapa de María Cano Carambolas no reemplaza las luchas históricas de su comunidad; las fortalece. Se suma a esa larga tradición de trochas abiertas a pulso, de redes de agua instaladas por los vecinos cuando el Estado no llegaba, de salones comunales levantados en convite, de escuelas construidas con las manos de las mismas familias que necesitaban educar a sus hijos. Es una nueva forma de trabajar en minga: esta vez, para producir el conocimiento con el que Carambolas quiere defender su territorio y su vida.
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Mapear La Pacha en Carambolas
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Bibliografía y fuentes consultadas
- Aristizábal Botero, C. A., Cárdenas Avendaño, Ó. M., & Rengifo González, C. J. (2018). Desplazamiento, trayectorias y poblamiento urbano. El caso de la Comuna 3 Manrique, Medellín, 1970-2010. Estudios Políticos, 53, 126–147. Universidad de Antioquia.
- Asolavidi & Unidad de Víctimas. (2012). Caminos por recorrer: una caracterización de la población en situación de desplazamiento forzado en los barrios María Cano-Carambolas, San José de la Cima 1, San José de la Cima 2 y El Raizal.
Cartagena, C. C. & González, S. (2015). Región, memoria y territorio; María Cano Carambolas. Barrio de la ciudad de Medellín. Kavilando. - Cárdenas Avendaño, Ó. M. & Rengifo González, C. J. (2018). Las periferias en disputa. Procesos de poblamiento urbano popular en Medellín. Estudios Políticos, 53, 148–170. Universidad de Antioquia.
- El Colombiano. (13 de junio de 2025). Un bebé, entre las dos víctimas del alud que se presentó en la madrugada en la zona nororiental de Medellín. https://www.elcolombiano.com/medellin/bebe-y-mujer-mueren-por-deslizamiento-en-medellin-OC27701861
- El Tiempo. (8 de abril de 2026). Medellín blinda sus laderas: Dagrd activó monitoreo con 110 instrumentos de alta tecnología en 31 puntos críticos para prevenir desastres.
- Mesa Interbarrial de Desconectados. (2012). Diagnóstico Comunitario Alternativo: comunidades de los barrios La Cruz y La Honda, Comuna 3 de Medellín.
- Rengifo, C., Cárdenas, Ó., Úsuga, A. & Guzmán, M. (2016). María Cano: un barrio hecho de luchas y carambolas. Centro de Estudios de Opinión, Universidad de Antioquia.
- Sistema de Información para la Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín (SIRMED). Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (DAGRD), Distrito de Medellín. https://www.medellin.gov.co/sirmed/
- Telemedellín. (13 de junio de 2025). Deslizamiento en María Cano-Carambolas dejó dos personas fallecidas. https://telemedellin.tv/deslizamiento-maria-cano-carambolas-falleci/764548/